Alimento utrerano para las vacas más selectas del mundo

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El mercado japonés es uno de los mercados más exigentes y complicados de todo el mundo. La forma de entender la vida del pueblo japonés, donde destaca una acusada obsesión por la calidad y la perfección, provoca que para una empresa extranjera suponga un auténtico reto lograr romper las barreras existentes y comenzar la venta de sus productos en territorio nipón. En el lugar donde la campiña cambia su fisonomía para ir dando paso a la marisma sevillana, en la pedanía utrerana de Trajano, se encuentra la cooperativa de segundo grado Agroquivir, lugar desde el que se vende directamente a Japón el alimento para uno de los ganados más selectos y valorados de todo el mundo, la ternera de Kobe.

Esta empresa utrerana que nació en el año 2002 es la suma de tres cooperativas de la comarca, teniendo en la actualidad 850 socios, ha conseguido entrar con todas las de la ley en el mercado japonés. La rama productiva a la que se ha enfocado esta firma en los últimos años son los cultivos forrajeros, es decir, productos que sirven como alimento a explotaciones ganaderas. En este sentido destacan cultivos como la alfalfa, el silo de maíz deshidratado o el pasto de Sudán, siendo este último el que es utilizado para alimentar a las famosas vacas japonesas y que fue prácticamente introducido como cultivo en España por Agoquivir.

agroquivir pasto vacas 2«Sin lugar a dudas, el mercado japonés es el más exigente de todo el mundo, por eso en este campo profesional se dice siempre que si eres capaz de vender en Japón puedes vender en cualquier país. Nuestra competencia en Japón es Estados Unidos, que es el principal país exportador», explica Fernando Sastre, director de exportaciones de la empresa utrerana. Agroquivir exporta anualmente el 60% de su producción siendo los mercados de Oriente Medio y Extremo Oriente, los lugares a donde habitualmente llegan sus distintos productos, destacando su presencia en países como Jordania o Qatar. Agroquivir cuenta con 12.500 hectáreas de explotación agrícola, donde no solo existen cultivos forrajeros, también hay almendra, remolacha, maíz, patata, trigo y girasol.

En la última década, esta cooperativa que ha sabido adaptarse a los cambios y a las nuevas exigencias del mercado para trabajar de forma competitiva con el resto de las empresas privadas, se ha convertido en la cuarta exportadora nacional de cultivos forrajeros, produciendo anualmente 60.000 toneladas de forrajes. En cierto modo Agroquivir está consiguiendo algo todavía más complicado, ya que diversificando los cultivos e introduciendo nuevas posibilidades, esta cambiando el paisaje del campo de la comarca y al mismo tiempo ofreciendo mayores posibilidades a los agricultores que dan vida a la cooperativa. Tradicionalmente hablamos de una comarca donde el cultivo del algodón ha sido fundamental, existiendo solo en el Bajo Guadalquivir 15.000 hectáreas dedicadas a esta planta. El problema es que el cambio en las políticas agrarias con respecto al algodón por parte de la Unión Europea, puede dejar a miles de agricultores con un futuro muy negro, por ello desde Agroquivir se lleva trabajando desde hace más de una década para hallar una alternativa que dibuje un panorama más esperanzador a todos aquellos que trabajan el campo.

Esa alternativa se ha encontrado en los cultivos forrajeros, que son muy demandados en el mercado exterior y para los que la comarca cuenta con unas condiciones y una meteorología privilegiadas.«Nuestra filosofía consiste en vender nuestros productos directamente a los ganaderos en todo el mundo. De esta manera conseguimos eliminar los costes intermedios, con el beneficio que ello supone para nuestros socios y al mismo tiempo tenemos siempre un contacto directo con el comprador, lo que nos permite controlar de manera muy eficaz la calidad y la utilidad de nuestro producto», explica Sastre.

agroquivir pasto vacas 3En la actualidad Agroquivir emplea de manera directa a 100 personas, de las que un 60% son personal altamente cualificado, ya que la empresa ha mostrado siempre un destacado compromiso con la investigación y la experimentación, persiguiendo la mejora en la rentabilidad de sus socios. No en vano está abierta una línea de investigación con el IFAPA (Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera), que tiene como objetivo la creación de una variedad de alfalfa que sea exclusivamente española, para que se adapte a las condiciones propias de la tierra. Gracias a estas investigaciones han conseguido también reducir a cero la cantidad de nitrógeno que se emplea en el cultivo de la alfalfa.

En solo diez años Agroquivir ha pasado de producir 2.000 toneladas al año de productos a 60.000 toneladas, de vender a un mercado exclusivamente local a estar presente en algunos de los mercados más exigentes del mundo. Es realmente complicado determinar donde puede estar el techo de esta empresa, que tratando de buscar una alternativa a los agricultores de la zona ha encontrado una serie de cultivos muy demandados en el mercado exterior y que cuentan con un bonito futuro. Hasta el momento el único freno que está encontrando se centra en los problemas burocráticos a la hora de ampliar sus instalaciones, por ello el propio director de exportaciones de la empresa, asegura que «las normativas son más lentas que el crecimiento de las empresas, tenemos en la actualidad muchas necesidades de inversión porque el cliente no los exige, pero la realidad es que no podemos crecer al ritmo que nos gustaría por culpa de las trabas burocráticas».

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