El día comienza con una frase de Bertrand Russell: «Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas». Ante la táctica absentista de Rajoy, de estar, pero no ser, Felipe VI encargó a Pedro Sánchez la formación de gobierno. El calendario ha echado a andar de nuevo, las conversaciones se prolongan y no acaban, se subrayan las fechas con rotulador verde, se encienden los portátiles, suenan los móviles, una copa de burbon debate consigo misma, por una ventana se ve el mar, los colores del día tienen tonos azules y grises, el diálogo no se interrumpe y el pasado se resume en ciento cuarenta y cuatro caracteres. Un selfi de recuerdos, los cuadros de Manet y Monet, la pintura de Cézanne. Scott Fitzgerald y Ezra Pound y «París era una fiesta», uno de los libros capitales para entender el siglo XX, que empieza en un café de la plaza de Saint Michael.
La teoría política no es una quimera ni un camino prefijado, pero tampoco un espejo roto, sin anverso ni reverso. Es nuestra memoria colectiva, que entreteje ideas y proyectos. Cuando miramos el alba en nuestras manos, el ejercicio de la reflexión acude a decirnos qué es lo que anhelamos para nosotros mismos y para los demás. «Una nación permanece fuerte, mientras se preocupa de sus problemas reales, y comienza su decadencia cuando puede ocuparse de los detalles accesorios», argumentaba Arnold J. Toynbee en ese eterno hoy que es la historia. La sintaxis de estas afirmaciones es la semántica que algunos políticos quieren ocultar en el subconsciente como si los ciudadanos hubiéramos alcanzado la mayoría de edad en la barra de una taberna debatiendo quién es el mejor jugador del mundo: si Messi, Cristiano Ronaldo o Neymar.
Pablo Iglesias ha hablado con el rey y ha vuelto a caligrafiar su oferta a Pedro Sánchez. El líder de Podemos piensa en el poder y lo acaricia con la punta de los dedos para dejar claro que su mensaje vuelve como un libro a su manuscrito. El líder socialista vislumbra los horizontes de la presidencia con una gramática nueva. «Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más; pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida», argumentaba el narrador y dramaturgo austríaco Arthur Schnitzler en la misteriosa forma que tiene la sintaxis cuando huye amparada en el tic-tac de los segundos que hacemos nuestros, sin serlos. El dilema para el secretario general de los socialistas es que, en circunstancias como estas, su fiel Begoña no puede ser, además de esposa, madre, confidente, amiga, compañera, consejera y la voz de la dialéctica que necesita para pactar. «Entre las cosas hay una de la que no se arrepiente nadie en la tierra. Esa cosa es haber sido valiente», versificó Borges en la rima dilecta de las vivencias que no tienen punto y seguido ni punto y aparte. La disyuntiva es si hay que ir en busca del tiempo perdido por haberlo puesto entre rayas como si fuera un diálogo de besugos, cuando la voz sonora del sentido común aconsejaba justamente lo que la egolatría impide. Leer una novela como «Cicatriz» de Sara Mesa, donde la joven escritora destripa y desenmascara el mundo nuestro de cada día y ese yo que es la misma sociedad, permite la convivencia de las metáforas en «El ruedo ibérico» por divergentes que sean en el atril. «Nada será que no haya sido antes. Nada será para no ser mañana. Eternidad son todos los instantes, que mide el grano que el reloj desgrana». Quizá volvamos a esta cita cuando en el atardecer suene otra voz las primeras horas del día, versificó Valle-Inclán.
El lenguaje está en el tejado del madrileño. Su discurso en la rueda de prensa fue condescendiente. Pero entre la teoría y la práctica media una distancia que no se puede convertir en verso. Los datos del paro vuelven a ser negativos. Las arcas de la Seguridad Social se vacían como si fueran una alcancía rota. Los ojos de la democracia ven lo que muchos son incapaces de contemplar. En el último tramo de la escalera no se puede hacer una parada. Que cada uno se jacte de las páginas que escribe es algo humano. Las palabras nunca dejarán de ser reflejo de lo que quieren decir: en la literatura y en la política. Los seis negociadores del PSOE saben que hay un rumor en cada esquina. «No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, sino tan sólo si marchamos por el mismo camino», dijo Goethe. ¿PSOE+Ciudadanos y la abstención del PP? ¿PSOE+Podemos, el PNV e IU? Cuando los relojes de la media noche se prodiguen, nos enteraremos de cómo ha terminado el capítulo.
La hora de Pedro Sánchez
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