La historia de Utrera va, indudablemente, unida al sonido de sus campanas. La peculiar forma de repicar estos bronces, única en el mundo, está llamando a las puertas de la Unesco, que deberá decidir si esta tradición cinco veces centenaria merece el reconocimiento como patrimonio de la humanidad.
El lenguaje propio de las campanas ha permitido, durante estos siglos, que los ciudadanos estuvieran al tanto de lo que acontecía en la localidad, no sólo desde el punto de vista religioso, sino también en relación a otros eventos de carácter civil. Para que los utreranos del siglo XXI puedan conocer el rico conjunto de toques que ha traído consigo esta práctica tradicional, la asociación de campaneros de Utrera ha ofrecido un concierto extraordinario, con motivo de la festividad de la Inmaculada Concepción.
Una decena de toques distintos han resonado desde la parroquia de Santa María de la Mesa, mostrando una estampa y un sonido inconfundibles. Los más llamativos, como siempre, son los repiques grandes, característicos de las conmemoraciones destacadas, ya que traen consigo un arriesgado rito que deja boquiabiertos a cuantos lo contemplan: ver cómo se salta la campana y se pone en balanza, haciendo que el campanero quede prácticamente suspendido en el aire, de pie sobre la propia campana, en el exterior de la torre.
Pero, además, también pudo escucharse un variado repertorio que acompañó a este popular toque. Nonas (como aviso a los campaneros), capellanes (servían para avisar a los propios capellanes para que acudieran al coro de la iglesia), y toques de ángelus (oración diaria a la Virgen), de plegaria (llamada a misa mayor) y de completas (durante la Cuaresma) fueron algunos de los que compusieron este concierto. Pero también pudieron escucharse otras melodías de carácter civil, como el toque de rebato (avisaba de la existencia de un incendio), que se sumó al resto de composiciones religiosas: toque de ánimas (recordaba cada día a los difuntos), de sermón (aviso para funciones con sermón al día siguiente) y de oración (invitaban cada jornada al rezo vespertino).
A pie de torre, hubo personas que estuvieron pendientes del trabajo de los campaneros. Pero esta vez también ha sido posible ver desde dentro cómo se organizan los miembros de esta asociación para que suenen los distintos toques. Varias cámaras instaladas en el interior del campanario acercó ese momento inédito a todos los ciudadanos, gracias a la instalación de una pantalla gigante en la plaza del Altozano.
Precisamente en este enclave, de forma paralela, los responsables de la asamblea local de Cruz Roja animaron a la solidaridad de los utreranos, con la recogida de alimentos no perecederos y juguetes.
¿Puede ser éste el último concierto extraordinario antes de la designación del toque de campanas utrerano como patrimonio de la humanidad? Es el deseo de los propios campaneros, que confían en que la suya sea la próxima candidatura española que el ministerio de Cultura presente ante la Unesco.
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