Las labores de las camareras de los titulares de las hermandades son, en ocasiones, desconocidas por muchas personas. Más allá del cuidado de la imagen, es emocionante ver la devoción que sienten y lo que este trabajo significa para ellas.
Carmen Campanario
Carmen Campanario es la camarera del Señor Atado a la Columna de la hermandad de la Vera-Cruz. Su familia pertenece a la cofradía desde hace muchos años y dos de sus hijos tienen importantes cargos dentro de la corporación. A pesar de no recordar con exactitud la fecha en la que asumió este cargo, sí se acuerda de que fue hace 30 años cuando empezó por una promesa: «llegué del hospital de Sevilla donde tenía un familiar que atravesaba una situación complicada, y la de San Francisco fue la primera iglesia en la que entré, le pedí al Cristo por este asunto y me lo concedió».
La protagonista cuenta que, como camarera, «me siento estupendamente estando cerca del Señor y cuidándolo, para mí es lo más grande». Carmen confiesa que no entendía de cargos dentro de una hermandad, pero «lo único que sabía es que tenía delirio por Él y lo sigo teniendo tengo».
Tras sus años ligada a la imagen, cuenta que una de sus donaciones más valiosas a nivel sentimental fueron las potencias: «al Cristo se le perdieron sus potencias, llegaba el Viernes Santo y no la encontrábamos por ninguna parte, así que, junto con otros hermanos, se las regalamos». En cuanto a las sensaciones que experimentó la primera vez que lo tuvo cerca, afirma que «no puedo explicarlo con palabras, pero es lo más bonito que me ha pasado».
De todos los años que Carmen lleva ejerciendo el cargo, el momento más especial para ella es el besapiés: «el día de sus cultos es para mí es muy importante. Se hace su misa y vienen muchísimas personas».
Teresa Barrera
Teresa Barrera es la camarera de la Virgen de los Desamparados, titular de la hermandad de la Trinidad, desde hace ya 28 años. Para ella, ser la camarera de «mi Virgen» es algo muy importante. Cuando le propusieron este cargo, la protagonista no se lo esperaba porque «yo no tenía ni idea de lo que tenía que hacer, pero es verdad que es algo muy grande».
En cuanto a sus labores como camarera, explica que «tengo que cuidar de Ella en todos los sentidos: le compro encajes, sayas, el preparo y le plancho su ropa, sus pañuelos,…». La devoción que Teresa siente por la Virgen de los Desamparados viene desde sus comienzos en la hermandad, pero desde que es camarera esa fe se ha ido acrecentando: «cada día crece más, cada vez que nos la traemos a la sacristía y me quedo sola con Ella y me pongo delante suya, eso es algo grandioso».
Son muchos los regalos que le ha hecho a esta dolorosa: encajes sayas,… aunque recuerda con especial cariño el primero de ellos, que fue «la diadema de estrellas».
En todos los años que Teresa lleva siendo camarera de la Virgen, ha vivido muchos momentos especiales. Afirma que «con Ella todos los días son especiales, pero uno de los más bonitos y emotivos que recuerdo fue cuando celebré mis bodas de plata y volví a casarme con mi marido por segunda vez delante de Ella».
El Jueves Santo es un día muy importante para Teresa al ser el de la estación de penitencia de la hermandad y cuando esta dolorosa procesiona por las calles de Utrera. «Lo vivo contenta porque es un día especial, pero con muchos nervios. Yo lo disfruto, pero cuando va llegando a la calle ‘La Fuente’ es una delicia ver cómo todos los trinitarios pensamos que ya viene de camino, que ya va a estar en su casa», comenta.
Noelia Ruiz
La andadura de Noelia Ruiz en la hermandad de los Aceituneros comenzó en 1986, y desde hace siete años ocupa el cargo de camarera del Señor Atado a la Columna. «Para mí es el cargo más importante que puede tener una persona dentro de una hermandad, aunque cuando me lo comunicaron sentí que no me lo merecía», reconoce.
Noelia no olvida la primera vez que tuvo al Señor Atado a la Columna tan cerca, ya como camarera de la imagen, cuando «me acordaba de otras personas mientras lo limpiaba». Una conversación íntima y sincera entre lo humano y lo divino en la que «pensaba: Dios mío, tanta gente que te quiere y te tiene devoción, y que sean mis manos las que te están limpiando. Me sentí privilegiada».
Es un momento sobrecogedor y en el que, ante la devoción que sienten hacia el Señor, «suelo invitar a personas que atraviesan un mal momento a limpiar sus pies. Además, los pañuelos con los que se limpia al Señor suelo donarlos a los enfermos». Ya mucho antes de ser nombrada camarera del titular de la hermandad de los Aceituneros, Noelia recuerda como acompañaba a Rosario Gutiérrez, antigua camarera del Cristo, en esta labor: «he tenido la suerte que las anteriores camareras han contado conmigo, y siempre he tenido al Señor muy cerca».
Son muchos los años junto a Él pero, sin duda, «para mí el momento más impactante fue cuando lo metieron en el cajón para llevarlo al taller de restauración». Un proceso que se llevó a cabo en el taller de Pedro Manzano, en Triana, y la camarera recuerda que «en aquel momento yo trabajaba en ese barrio sevillano, y todas las mañanas antes de ir a mi puesto de trabajo pasaba por la puerta del taller, rezaba un ‘Padre Nuestro’ y me marchaba».
Ciertamente un mundo de sensaciones que muy pocos pueden experimentar. En palabras de esta utrerana, «me siento como el nexo de unión entre el Señor y el resto de fieles. Soy la portadora de la fe de muchas personas que me ruegan que le pida al Señor por ellos».
Milagros Rodríguez
Milagros Rodríguez es la camarera de la Virgen de la Concepción, titular de la hermandad de los Milagros. Cuenta que su situación de camarera es distinta a la de las demás, al ser una corporación que nació como hermandad hace pocos años, en 2007. «La Virgen estaba allí, a los pies del Cristo, aunque no formaba parte del conjunto. En el momento que nosotros nos hacemos cargo de Ella para adecentarla, la hermandad decide que debe tener una imagen de dolorosa, y se plantea en una junta que sea la que estaba ante los pies del Cristo», recuerda. Por tanto, Milagros, de esta forma, siguió encargándose de cuidar a la Virgen como ya hacía sin ser camarera.
Comenta que ha vivido un proceso de aprendizaje al ser un trabajo de especial responsabilidad. Explica que «es un cargo para el que no estaba preparada y hemos tenido que tener muy claro los objetivos. Hemos procurado estar siempre al servicio de la devoción a la Virgen y de lo que nos diga la hermandad».
Los miembros de otras hermandades han sido muy solidarios ya que, en un primer momento, la Virgen no tenía mucho ajuar y el que tenía estaba en mal estado. Reconoce que «todos se volcaron mucho. La primera vestimenta fue de la Virgen de la Paz, y las manos fueron de la Virgen de los Dolores. También quiero agradecer la ayuda de personas como la camarera de la hermandad de los Estudiantes, a Isabel Morales y a Antonio Manuel Romero, a mi tía y a mi madre, entre otras. Han sido muchas las donaciones de mucha gente que han hecho posible que este ajuar haya ido creciendo con los años, eso es de agradecer».
Entre las donaciones a la imagen, Milagros hace especial hincapié en los exvotos. Explica que «en la primera función de la Virgen lució un escapulario, que fue una donación hecha a la imagen. Este escapulario fue a las casas de los enfermos y, cuando se encomiendan a la Virgen y finalmente se curan, le obsequian con otros escapularios como agradecimiento a los favores concedidos. Quizás esos sean los regalos más valiosos que tiene la Virgen».

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