El médico e investigador utrerano Fernando García Benavides fue presidente durante cinco años de la Sociedad Española de Epidemiología
El utrerano Fernando García Benavides cuenta con una curriculum y una hoja de servicios de los que asustan. Añora dar un paseo por el Niño Perdido, y a pesar de que su campo de acción principal ha sido en las últimas décadas el mundo de la investigación médica, no dudó en rescatar la bata blanca del armario y ponerse a disposición de la sanidad para ayudar en los momentos más complicados de la pandemia.
Es licenciado en Medicina por la Universidad de Sevilla, Doctor por la Universidad de Alicante y desde 2007 catedrático de Salud Pública en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Ha plasmado sus investigaciones en más de 200 trabajos que han sido publicados en revistas y entre 2009 y 2014 fue presidente de la Sociedad Española de Epidemiología. Es una voz más que autorizada para reflexionar acerca de lo que todos como sociedad hemos vivido en los últimos meses y sus tesis deben de ayudarnos también a entender como tenemos que comportarnos en el futuro más inmediato.
-¿Cómo ha pasado el periodo más complicado de esta pandemia?
No hay que confiarse, estamos acabando esta primera etapa y entramos en una cierta normalidad, pero hay que ir con mucha prudencia. Yo personalmente he tenido de todo durante este periodo de confinamiento, porque he sufrido la pérdida de un ser querido de Utrera, que ahora vivía en Málaga y falleció a causa de la enfermedad. La mortalidad ha sido alta pero sobre todo en personas mayores de 80 años, pero ha sido un golpe duro para mí porque se trataba de una persona a la que estaba muy unido. Por otra parte, también han sido días de confinamiento de mucho trabajo, ya que todos hemos descubierto de pronto que teníamos a nuestra disposición numerosas soluciones tecnológicas que nos ha permitido seguir activos desde el punto de vista laboral.
-¿Ha sido más fácil para un médico e investigador admitir todo lo que ha pasado? ¿Lo veíais venir?
Había evidencias y estudios que avisaban una y otra vez que estoy podía pasar, pero no es lo mismo preveer algo que pueda ocurrir a enfrentarte al hecho. Nos hemos equivocado, yo el primero, al no haber actuado con mayor rapidez, hemos mirado por encima del hombro a lo que ocurría en China. Para un médico que está en el mundo de la investigación como yo, el asunto se veía desde lejos, pero decidí sacar la bata del armario y ofrecerme como voluntario para ayudar en lo que pudiera, he estado trabajando como médico para casos leves.
-¿Estamos actuando de manera correcta a lo largo de esta desescalada?
Nos tenemos que felicitar todos como ciudadanos por la disciplina, el coraje y la colaboración que hemos demostrado en estos meses. El aplauso de las ocho de la tarde no era sólo para los sanitarios, si no también para los trabajadores de los supermercados, para los conductores, distribuidores, los panaderos, los periodistas… Hemos descubierto a todos los que nos cuidan, lleven o no la bata blanca, y que han permitido que el resto nos pudiésemos quedar en casa pero pudiendo ir a comprar y sin que nos faltara de nada. Ahora en este momento seguimos dando la talla, la mayoría respetamos las normas, mantenemos la distancia y nos saludamos con los ojos por encima de las mascarillas. Hay que estar felices de que lo hayamos hecho tan bien.
-¿Qué ha diferenciado a esta pandemia de otras que ha sufrido el ser humano en el pasado?
La diferencia es que ahora hay ciencia. El 11 de enero los investigadores de China ya habían hecho el mapa genético del virus y lo pusieron a disposición de todo el mundo, sin este hecho no hubiésemos progresado tan rápidamente. En este periodo, la ciencia y la investigación han adquirido la importancia que deberían tener siempre. Debemos de salir de esta situación con una mirada más ajustada hacia la importancia que debe de tener la investigación. En España en este sentido muchas veces vamos con retraso, se admira a los futbolistas y a los artistas, pero la ciencia y la investigación también tienen que tener ese reconocimiento por parte de la sociedad.
-¿Qué nos puede contar con respecto al posible rebrote de otoño?
Las epidemias y las guerras son los dos vectores que modifican la historia de continentes enteros. La diferencia entre la actualidad y otras pandemias de la historia, como por ejemplo la mal llamada gripe española, es que en la actualidad podemos desarrollar vacunas. Tenemos que permanecer atentos, cumplir las normas de seguridad como por ejemplo la distancia física, la higiene de las manos y utilizar la mascarilla. Tenemos que disciplinarnos e incorporar estas medidas a nuestro día a día hasta que aparezca la vacuna. Afortunadamente la intensidad actual de la investigación es muy alta, y ya hay 124 estudios en todo el mundo registrados por la OMS que esperemos que den frutos pronto. Mientras tanto pueden producirse brotes, pero una de las medidas que se están desarrollando por ejemplo en Andalucía es muy positiva ya que hay equipos de epidemiólogos de campo que permiten detectar rápido a una persona que tenga la infección y aislarlo, porque nosotros somos los que hacemos de mecanismo de transmisión del virus.
-¿Qué consecuencias positivas ha dejado esta crisis?
Hemos hecho un master de epidemiología y salud pública, es un activo que nos llevamos de esta crisis. La población ha interpretado adecuadamente lo que teníamos que hacer, sin colaboración la especie humana no hubiera llegado donde hemos llegado, estamos siempre adaptándonos a lo que nos viene.

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