El Cristo de las Aguas, otra de las valiosas y desconocidas imágenes del patrimonio utrerano

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Esta obra de arte, se encuentra actualmente en la iglesia de los Dolores, pero en otros tiempos estuvo en la ermita de San Miguel de la Vega

Todos aquellos amantes del arte, los observadores, y principalmente  aquellos que les gusta descubrir cada día nuevos secretos que guarda la historia de Utrera, tienen que realizar una tranquila visita a la iglesia Nuestra Señora de los Dolores, sede en Utrera de las Hermanas de la Cruz. Es un lugar donde hay mucho por contemplar, aunque en este caso concreto nos vamos a detener únicamente en una de sus siete capillas, concretamente en la que se encuentra justo entrando a la izquierda.

En esta ubicación existe actualmente un retablo con un crucificado, que en cierta manera es desconocido para el gran público, pero que guarda en su interior una curiosa historia que nos sirve para conocer los diferentes avatares por los que atravesaron en los siglos XVII y XVIII algunas de las hermandades que tenían sede en Utrera.

Para conocer de manera concreta la historia de este crucificado, que no ha estado siempre en la ubicación en la que se encuentra en la actualidad, hay que viajar hasta finales del siglo XV, a la época del reinado de los Reyes Católicos, cuando se comienza a construir la pequeña ermita-albergue de San Miguel de la Vega o del Campo. El historiador Juan Boza y Rivera, quien conoció la ubicación exacta de este templo, detalló que se encontraba a «unos 600 pasos de la Fuente de los Ocho Caños», por lo que en cierta manera podemos determinar que se encontraba a la altura de donde en nuestros días se ubican el canal del desvío del arroyo Calzas Anchas.

Tal y como indica el historiador utrerano Antonio Cabrera Carro, «en esta ermita se fundó la hermandad de San Miguel, que posteriormente se fusionó con la hermandad del Rosario de los Dominicos, terminando en el convento de dicha orden». Más tarde, en 1643, fue constituida la hermandad de penitencia de San Miguel, Santo Crucifijo y Nuestra Señora de la Concepción, que adoptó como su titular al Cristo que ahora llamamos de las Aguas y que en nuestros días está en la capilla de Los Dolores.

El problema es que las tierras en las que estaba construida esta ermita no eran buenas, razón por la cual el templo tuvo muchos problemas de construcción y se tuvo que reedificar a mediados del siglo XVI. Tierras muy inestables que provocan que las construcciones se agrieten y arruinen -tal y como ha ocurrido a la moderna obra del desvío del arroyo en esta zona, que ha habido que repararla en varias ocasiones-, que provocaron que la hermandad quisiera cambiar la ermita por una ubicación más céntrica y cómoda.

Tras no poder irse a la ermita de San Ana, ubicada en la calle Sevilla (solar hoy del Teatro), que era la primera intención de los cofrades, la hermandad se marcha a la antigua iglesia de Santa Catalina, que se encontraba en la calle de Los Negros en un estado ruinoso. Todo esto ocurre a finales del siglo XVII, pero lo más sorprendente, tal y como cuenta Cabrera Carro, «es que desde el arzobispado les dejaron irse a esta iglesia, pero no les permitieron llevarse el Cristo, por lo que la hermandad tiene que buscar otro titular que termina siendo el actual Cristo de Los Milagros».

Así, el pobre Cristo de las Aguas se queda en la ermita de San Miguel de la Vega, pero, en 1694 hay una gran sequía y deciden sacarlo en procesión para rogar que llegue el necesario líquido elemento. Como la súplica tiene éxito, al crucificado se le bautizó automáticamente como el Cristo de las Aguas y se funda la hermandad del Cristo de las Aguas, que se mantiene en la ermita de San Miguel y no salía en estación durante la Semana Santa.

Pero, la situación de la ermita no mejoró, a mediados del siglo XVIII los efectos del terremoto de Lisboa, como explica Antonio Cabrera Carro «le dieron la puntilla definitiva a esta capilla, que se termina abandonando, tras varias reconstrucciones, y en 1783 el Cristo se traslada de manera definitiva a la capilla de Los Dolores, que había sido construida por los Servitas unos años antes, mientras que su hermandad poco a poco se fue apagando, como ocurrió en estas fechas con tantas hermandades de nuestra ciudad».

Una curiosa historia la que guarda esta imagen, que al no procesionar en Semana Santa, quizás sea más desconocida para el gran público, pero que tuvo el honor de ser la imagen titular de dos hermandades distintas; de la hermandad de San Miguel y el Santo Crucifijo y de la hermandad del Cristo de las Aguas, ambas en la desaparecida ermita de San Miguel de la Vega o del Campo. Un retazo de la rica historia cofrade de Utrera que permanece en la actualidad en un templo tan interesante como es la iglesia de los Dolores.

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