El cultivo está encarando la floración sin humedad, lo que trae los peores temores a los olivareros
J.M. Brazo Mena
Si el mes de marzo se ha convertido en el más caluroso en Andalucía, el abril que ha terminado hace unos días ya se ha considerado como el más seco desde que existen registros, con temperaturas propias del mes de julio. Eso ha llevando al campo al borde del colapso y, muy especialmente, al olivo, una especie muy extendida en el término municipal de Utrera. Este calor anómalo ha hecho que la floración se adelante e incluso que se quemen las flores de la aceituna, haciendo peligrar la cosecha de este año.
Se da la circunstancia de que el olivo puede aguantar temperaturas muy altas, pero siempre que esté hidratado. Sin embargo, con la sequía no lo está, por lo que el olivar está encarando la floración sin humedad. En «una situación de estrés hídrico tremendo como la de ahora, con las raíces totalmente vacías de agua, lógicamente el árbol abortará el fruto», ha señalado Juan Luis Ávila, responsable del sector del aceite de oliva de COAG.
Según Ávila, la cosecha de secano se da por perdida, mientras que en el regadío están intentando echar agua como pueden, «lo mínimo, porque luego tenemos que pasar los meses de junio, julio, agosto y septiembre». Puede parecer la queja recurrente de los agricultores en verano pero, si nos vamos a los datos, vemos que «la dotación de agua es de 400 metros cúbicos» cuando lo normal suele estar en torno a los 1.500.
Según el último informe de la Junta de Andalucía sobre el estado de los cultivos en la provincia de Sevilla, con las elevadas temperaturas se adelanta la fenología del olivar que va generalizando la floración, pueden verse frutos cuajados en las parcelas más adelantadas.

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