El utrerano David Díaz, un pilar fundamental del bar Casa Basilio

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Este profesional de la hostelería lleva más de tres décadas en uno de los templos gastronómicos más destacados de Utrera

El bar Casa Basilio es mucho más que un bar, es una institución en Utrera que a lo largo de más de 70 años se ha convertido en un lugar muy querido por los utreranos. En la actualidad es uno de los establecimientos hosteleros que más tiempo lleva abierto de manera ininterrumpida, un negocio familiar, cuyos responsables –gracias a su simpatía y buen hacer- son personas muy queridas en la localidad.

David Díaz, junto a su inseparable hermano Ignacio, mantienen viva la llama de este establecimiento tradicional, que comenzó a funcionar de manera oficial en el año 1952, pero que ya mucho antes era un punto de referencia para los amantes del buen vino, de la buena conversación y de la amistad. Además de David e Ignacio, en la actualidad su hermana Teresa es otro de los pilares fundamentales para que Casa Basilio siga acogiendo satisfechos clientes cada día.

Nuestro protagonista nació en el Hospital de la Santa Resurrección, y sus primeros años los vivió en la casa que la familia tenía en los postigos de la calle Nueva. Siendo todavía muy niño, se trasladó a la vivienda que la familia ocupaba en la planta superior del local en el que se encuentra el bar, en la esquina de la calle Álvarez Hazañas con la calle Sacramento.

«Mi abuelo, que se llamaba Basilio, tenía una carpintería en el local que hoy ocupa el bar y un buen día se le ocurrió servir vino a los clientes y amigos. Vendía los medios litros y también vendía carbón, hasta que esto poco a poco se convirtió en un bar», cuenta David, quien también recuerda cómo «en la parte del local que da a la calle Sacramento estaba el despacho para las mujeres, donde mi abuela vendía pescado frito».

Este utrerano se ha criado entre mesas, arrobas de vino, serrín en el suelo y buenos guisos, ya que desde que tiene uso de razón su familia se ha dedicado por entero de manera profesional al mundo de la hostelería. Pasaron los años y fue su padre, también Basilio, el que se encargó de la gestión del bar, siendo «mi madre la que se metió en la cocina, preparando algunas tapitas, comenzando poquito a poco hasta lo que somos hoy en día».

David estudió en las Salesianas y en los Salesianos hasta que, cuando tenía 14 años, comenzó a trabajar en el bar ya que, como él mismo explica, «no me gustaba estudiar y comencé a trabajar con mi padre y con mi hermano Basilio». Eran tiempos en los que la zona en la que se encuentra el bar era un auténtico hervidero, ya que servía como parada para los autobuses de la empresa Casal y la clientela se conformaba principalmente de trabajadores del campo. «Mi padre y mi madre abrían el bar todos los días a las cinco de la mañana y cerraban a las doce de la noche, descansando sólo los domingos», cuenta David.

Este utrerano forma parte por tanto de la tercera generación de hosteleros que han estado al frente de un establecimiento con la entidad que tiene Casa Basilio y ha podido ver detrás de la barra todos los cambios que ha experimentado la sociedad utrerana a lo largo de las últimas tres décadas. «La verdad es que ha cambiado todo mucho, en la mayoría de los casos ha cambiado para mejor», asegura David, quien en su bar recuerda cómo han estado «los mejores artistas flamencos que ha habido en Utrera, se han reunido muchas hermandades y colectivos importantes para la ciudad como la cabalgata». Inolvidable eran para David las reuniones a puerta cerrada que protagonizaban en la denominada como ‘la bodeguita’ integrantes de la iglesia palmariana cuando esta secta estaba en su auténtico apogeo y gastaban fortunas en comidas que se extendían hasta altas horas.

Este excepcional camarero, que también estuvo durante casi una década trabajando en el mundo de las ferias siendo el encargado del catering de numerosas casetas, cuenta también con una faceta que quizás es más desconocida por el gran público. Y es que, a principios del siglo XXI, hizo sus pinitos en el mundo de la música, formando parte del grupo Flamenco XL, junto a una serie de amigos entre los que estaban Juanma Millán, Jesule de Utrera, Chico, José María Gutiérrez (Casa Valentín) e incluso en algunas ocasiones les ayudaba Juanlu Montoya. «Llegamos a actuar ante 2.000 personas en la verbena de los Salesianos y fuimos a las ferias de Morón de la Frontera y Las Cabezas de San Juan», explica orgulloso David.

Son muchas las cosas que han cambiado a lo largo de todos estos años, pero algunas se mantienen inmutables al paso del tiempo. Casa Basilio sigue siendo un lugar en el que se pueden degustar platos tradicionales que llevan formando parte de la carta prácticamente desde que el bar abrió sus puertas. Tapas tan emblemáticas como, por ejemplo, el rollito de atún, el huevo al patio, la pechuga al whisky, la ensaladilla rusa tradicional o el pollo frito al estilo Basilio.

Todo ello aderezado por una atención profesional y cercana, que ha permitido que la parroquia de Casa Basilio haya sido verdaderamente fiel a lo largo de las últimas décadas. «Hay personas que no son conscientes de lo duro que es el trabajo en el mundo de la hostelería, pero también es cierto que hay otras muchas que sí saben lo que supone trabajar en este sector y nos agradecen todo el esfuerzo. Tenemos la suerte de sentirnos muy queridos», explica David.

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