La bonita historia de la ‘Carretera de la Ilusión’

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En los años 60 del siglo XX, José Luis Gutiérrez impulsó el asfaltado del conocido como ‘Camino de los Palos’, hoy en día apenas quedan restos de ese interesante proyecto

Se trata de un camino que conocen muchos utreranos, y que recibe el nombre de ‘Camino de los Palos’ o ‘Camino de Fuente Vinagre’, pero del que realmente muy pocos conocen su historia. Nos encontramos en una zona de Utrera en la que se puso en marcha un precioso proyecto que no tiene precedentes en la ciudad y que recibió el curioso nombre de ‘La Carretera de la Ilusión’. Un proyecto del que hoy apenas quedan algunos restos o huellas en el camino.

La historia la cuenta con todo lujo de detalles el escritor e historiador utrerano Eduardo González de la Peña en su libro ‘José Luis Gutiérrez. Una vida que dejó huella’. Y es que fue el propio José Luis Gutiérrez, propietario del cortijo ‘Casablanca’, el que promovió el asfaltado de este camino a finales de la década de los 60 del pasado siglo XX y que le puso el nombre de ‘Carretera de la Ilusión’.

José Luis Gutiérrez, propietario del cortijo ‘Casablanca’, fue el que promovió el asfaltado de este camino

Para entender la trascendencia que tuvo este proyecto hay que volver a la Utrera de hace medio siglo, en la que como cuenta el propio Eduardo González de la Peña, «en esa zona del término municipal existían muchos cortijos en los que vivían en total más de cien personas, que cuando llovía o tenían alguna urgencia, se encontraban completamente aislados». Tiempos en los que trabajaba mucha gente en el campo y en los propios cortijos, que tenían que utilizar el camino para comunicarse con el mundo.

Por tanto, José Luis Gutiérrez se propuso convencer a los propietarios de los cortijos de esta zona de la importancia que tenía convertir el camino en una carretera, por lo que poco a poco fue aunando las fuerzas de los dueños de explotaciones tan famosas como Fuente Vinagre, Carmonilla, Roncesvalles o Antoñuelo. El proyecto consistía en asfaltar un total de trece kilómetros, desde la entrada al camino que se encuentra en la carretera A-374, hasta la propia orilla del pantano Torre del Águila, donde incluso en aquellos años había una pequeña playa.


El proyecto en su totalidad tuvo un presupuesto de 10 millones de pesetas


Una vez que los propietarios se unieron, llegó el momento de exponer el proyecto a las autoridades, llegando en primer lugar al entonces alcalde, Alfredo Naranjo Batmale y posteriormente al gobernador civil. El impulso poco a poco fue fructificando, hasta hacerse realidad en el año 1971, inaugurándose esa carretera tan importante para las personas que en aquellos años vivían en el campo.

Tal y como refleja De la Peña en su libro, el proyecto en su totalidad tuvo un presupuesto de 10 millones de pesetas, lo que vendría a ser en la actualidad 60.000 euros. Para su ejecución se utilizaron en muchos casos la propia maquinaria agrícola que se encontraba en los cortijos, con el objetivo de hacer posible la iniciativa.

Para que este proyecto llegase a buen puerto, el estado se hizo cargo del pago de un millón doscientas mil pesetas, el Instituto de Colonización aportó tres millones de pesetas, mientras que el importe restante recayó en los propietarios. De esta manera se construyó ‘La Carretera de la Ilusión’, que tuvo una vida realmente efímera, porque poco a poco, con el paso del tiempo, los cambios sociales, la falta de mantenimiento y el éxodo de la población del campo hacia las ciudades, se fue deteriorando, perdiendo grandes partes asfaltadas y volviendo a ser un camino de tierra.

«José Luis Gutiérrez incluso fue capaz de convencer al Ayuntamiento de Utrera para que pusiera en servicio un autobús que recogía a los niños que vivían en estos cortijos y los trasladaba a los colegios. Un servicio que estuvo funcionando hasta la década de los años 80», cuenta Eduardo González de la Peña.

Una carretera que sin lugar a dudas fue un logro compartido por una serie de utreranos que se encargaban de gestionar importantes explotaciones agrícolas, donde se criaron numerosas generaciones de utreranos. En la actualidad, aquellos que toman este camino, apenas pueden vislumbrar algunos restos de aquel asfalto que daba vida a una carretera que fue muy importante para conectar con la ciudad a muchas familias que lo necesitaban.

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