El estado de abandono del patrimonio relacionado con los dramaturgos en su ciudad natal es más que evidente, desde el único monumento dedicado a ellos hasta el museo de su legado
Es de sobra conocido que uno de los legados más importantes que tiene Utrera es la existencia de los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, dos dramaturgos de renombre que, aun pasando gran parte de su vida en Madrid, no olvidaron sus raíces y fueron fundamentales en el teatro de principios del siglo XX en España.
Sin embargo, en la actualidad, su relevancia en la literatura hispana parece que ha perdido importancia en su ciudad natal, Utrera, o al menos, así se muestra en el poco patrimonio que la localidad dedica a ellos.
Primeramente, el único monumento en su honor, situado en uno de los accesos del Parque de Consolación, se encuentra en un estado de abandono más que evidente.
El busto de ambos puede verse ennegrecido por el descuido del paso del tiempo, presidiendo la fuente principal de uno de los mayores pulmones del municipio, completamente seca y llena de hojas caídas, tierra y suciedad. Una imagen que poco o nada tiene que ver con la que había hace años, donde el agua cristalina caía a chorros con una musicalidad asombrosa. A todo ello se le añaden zonas verdes de las que en la actualidad solo nacen hierbas secas, lo que hace más que evidente el abandono general que también sufre este parque que nada tiene que ver con lo que un día fue.
Este monumento, por cierto, nada tiene que ver con el que iba a ser. Juan Luis Vassallo, arquitecto del boceto, incluía en sus planos de los años 60 un basamento de granito gris formado por un cuadrilátero de unos doce metros y medio de anchura, con césped por su parte anterior y un estanque de ocho metros de longitud en la parte posterior. En el centro se levantaría un templete de seis metros y medio de altura, cobijando una gran fuente rematada por el emblema quinteriano de bronce.
En cuanto al agua, manaría por surtidores a manera de mascarones de bronce con las figuras representativas de La Comedia y La Tragedia. Por último, delante de todo, el busto que conocemos en la actualidad y detrás, una mujer, Andalucía, que les ofrece un simbólico laurel. Un proyecto que fue impulsado por numerosas instituciones, entre ellas los Ayuntamientos de Utrera y Sevilla de la época, la Sociedad General de Autores, el casino Español de México y la Real Academia Española.
Esta idea pensó en culminarse durante 2023 después de que el Ayuntamiento aprobara un proyecto a propósito de la celebración del 150 aniversario del nacimiento de los escritores, una nueva propuesta realizada por el nieto del arquitecto original, Fernando Vassallo. Con un presupuesto de licitación de 108.123 euros, iba a cambiar el espacio, manteniendo la escultura pero transformando la fuente en una lámina de agua y poniendo un vallado perimetral para que los ciudadanos pudieran sentarse en torno al monumento. Además, también contemplaba la instalación del templete original concebido en el primer proyecto: cuatro columnas, a modo de esquina, en forma de L que se elevarían cuatro metros.
Actualmente, de este homenaje escultórico y urbanístico no se sabe nada más allá de la presentación del mismo hace dos años, otra muestra más del olvido de Serafín y Joaquín.
Sin embargo, el abandono de Utrera a sus hijos autores no se manifiesta en este espacio únicamente. En la primera planta del Teatro Enrique de la Cuadra existe un tesoro que recrea, con objetos reales y originales, partes de la casa que ambos compartían en la capital española.
El Legado de los Álvarez Quintero es una exposición, más que recomendada, que reúne los muebles originales que utilizaron, los libros que leyeron y más de 5.000 objetos que pertenecieron alguna vez a sus vidas y que fueron donados a Utrera por su sobrina María Luisa Álvarez Quintero alrededor de 1964.
Pero para poder visitarla, los interesados se enfrentan a una ardua tarea puesto que difícilmente está abierta, no tiene horarios concretos y hay que reservar con bastante antelación.
Otro de los puntos de abandono es su propia casa natal, derrumbada en la década de los 70 y que estaba ubicada en la actual oficina de correos. Un lugar donde lo único que queda de ellos es la calle con su nombre y un relieve conmemorativo, puesto en la fachada de este inmueble.
Así es como Utrera ha olvidado a dos hermanos que la han llevado por el mundo de las letras, la literatura y la cultura española a lo largo de las décadas. Dos dramaturgos de los que ya poco queda en la localidad, de los que poco se estudia en los colegios e institutos y de los que pocos monumentos recuerdan su nombre.

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