Santa María es un barrio del centro de la ciudad de Utrera en el que no hay servicios ni aparcamientos y cada vez viven menos vecinos en esta zona

La calle Santa Ángela de la Cruz es una de las vías en las que se palpa de manera más clara el abandono del barrio de Santa María
Hay barrios de Utrera que no necesitan filtros. Sobre todo los que incluyen en sus horizontes las vistas del skyline de la localidad. Hablamos de esas calles estrechas, adoquinadas que recuerdan tiempos pasados y que acogen cálidamente a todo aquel que deambule perdido por ellas.
Alguna vez fueron zonas más que cotizadas por los utreranos ya que, evidentemente, no tendrá precio despertarse con el sonido de las campanas, abrir la ventana y ver Santa María desde el balcón. Tampoco lo tendrá saber que se encuentra en un barrio con siglos de historia y que cuyos muros podrían escribir el cuento de esta ciudad. Pero, en la actualidad, ¿cómo han podido llegar a presentar el estado de abandono en el que se hallan?
Viviendas en ruina
Poniéndole el foco de atención al barrio de Santa María, se ha vuelto habitual encontrar viviendas casi en ruinas, con jaramagos en techos y balcones; fachadas con la pintura levantada, ennegrecidas por la humedad y llenas de verdina; puertas sin cerraduras, cerradas con candados y cadenas; o rejas de balcones corroídas por el tiempo, con óxido y moho.
Una realidad que se ha hecho más que evidente esta Semana Santa, al ser una zona incluida en gran parte de los recorridos de las cofradías, sobre todo en la calle Santa Ángela de la Cruz. Pocas son las fotos realizadas en estos lugares que no reflejen fondos con estas características.

La dificultad para reformar inmuebles protegidos en el casco histórico es una de las causas más importantes del abandono del barrio de Santa María
Cabe destacar que estas peculiaridades no hacen referencia al estado de la calle en sí, dado que el pavimento de la vía se encuentra en buen estado. Únicamente mencionar la existencia de cables suspendidos y caídos al final de esta vía, cerca de la confluencia con Menéndez Pelayo, que suponen un peligro para los transeúntes.
Lo curioso de esta situación son los inmuebles. Espacios que hacen evidente el gran contraste que existe en este barrio. En tramos de cinco metros puede observarse una enorme diferencia entre la viviendas habitadas y las que no. Ambas se distinguen por esa estética que reflejaba Utrera a lo largo del siglo pasado, pero de formas diferentes. Las primeras son una auténtica maravilla para aquellos observadores que adoren este tipo de construcciones. Con fachadas limpias, blancas, con preciosas puertas cuidadas, generan un gran atractivo a los más curiosos que se preguntan cómo serán sus interiores. Cuestiones basadas en esa imagen que dan desde los exteriores y desde lo poco que puede verse de las que mantienen abiertas sus puertas principales, mostrando un zaguán impoluto que recuerda a las típicas viviendas andaluzas anteriores a nuestra época.
Otros inmuebles
En cambio, pared con pared o justo enfrente hay otro tipo de inmuebles. Sin pintura, con el ladrillo de sus muros casi al descubierto, con manchas de humedad. ¿Puertas? No tienen puertas, sino grandes bloques de madera que en algún momento lo fueron pero que en la actualidad nada tienen que ver con ellas. Son cierres basados en una cadena y un candado que la atranca. En los balcones casi en ruinas, se ven malas hierbas, en algunos casos de alturas considerables, hierros deformados y ventanas, si es que las tiene, con cristales rotos, sucios o completamente opacos por el polvo.
A su manera también generan una gran curiosidad. Cómo ha podido llegar una casa de estas características, en esa ubicación, a este estado. Quién habitaría su interior. Cómo fue su historia. Quién recuerda su existencia allí. Cómo fue esta última entre sus paredes.
Algunas imágenes de la calle Santa Ángela de la Cruz:
Son preguntas cuyas respuestas no puedan apaciguar las mentes pensantes que imaginan la vida en lo que alguna vez fueron hogares. O, en cambio, estén basadas en vagos recuerdos borrosos por el paso de los años.
Lo que sí es fundamental es entender porqué siguen así. Qué impedimento tiene este barrio con tanto encanto en Utrera, que no permite que reviva. ¿El precio de las viviendas situadas en él? ¿El coste añadido que supone el acondicionamiento de estas estructuras en viviendas funcionales y preparadas para poder acoger a unos inquilinos?
O quizá estamos viviendo el ocaso de la vida en estas zonas de Utrera. Espacios en los que aparcar se vuelve imposible, hay pocos establecimientos locales cerca, panaderías, lo llamado como tiendas de ‘desavío’ –donde comprar cualquier cosa cuando no hay un supermercado cercano-.
En fin, preguntas y más preguntas, complicadas de responder e inquietantes para los que adoran la historia arquitectónica de esta localidad tan rica en estilos, construcciones y formas de vivir.

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