USA-Irlanda 2025
100 min.
Dirección
Richard Linklater
Guion
Robert Kaplow
Fotografía
Shane F. Kelly
Música
Graham Reynolds
Intérpretes
Ethan Hawke, Margaret Qualley, Bobby Cannavale, Andrew Scott, Patrick Kennedy, Jonah Lees, Simon Delaney, Giles Surridge
La unión de
Richard Linklater y Robert Kaplow
dio como fruto hace un puñado de años la película
Me and Orson Welles
, que como esta segunda colaboración y segundo guion del dramaturgo norteamericano, se ambientaba en las bambalinas del
mundo del espectáculo de Broadway
. Siguiendo la estela de la
correspondencia epistolar
que
Lorenz Hart
mantuvo con una supuesta estudiante de Yale llamada
Elizabeth Weiland
, más allá de lo cual no está demostrada su existencia, el director de
Boyhood
y la reciente
Nouvelle Vague
recrea la noche del estreno de
¡Oklahoma!
en Broadway, y la posible repercusión que este evento pudo tener en el protagonista de esta
amarga semblanza del desprecio, la humillación y el desarraigo
que borda con una actuación sobresaliente
Ethan Hawke
, actor fetiche del director. Hart fue durante un cuarto de siglo el letrista del afamado y genial compositor
Richard Rodgers
desde que se conocieron en la Universidad de Columbia. Juntos crearon musicales de la talla de
Pal Joey
, con canciones emblemáticas como
I Could Write a Book
o
Bewitched, Bothered and Bewildered
. Suyas son también las populares canciones
My Funny Valentine, Where or When, Manhattan, The Lady Is a Tramp
y la que da título a esta amarga y
nostálgica fábula sobre la fama y el abandono
,
Blue Moon
. Hart aguarda en el Restaurante Sardi la llegada de Rodgers y su nuevo letrista,
Oscar Hammerstein II
, quienes cosecharían una
larga lista de éxitos
, como
Carrusel, Al sur del Pacífico, El rey y yo
o
Sonrisas y lágrimas
, además de esa
Cenicienta
para la televisión que descubrió a Julie Andrews y hoy se puede admirar en la Gran Vía madrileña. En ese único escenario, aquel día 31 de marzo, apenas
unos meses antes de fallecer como consecuencia de sus problemas con el alcohol
, en noviembre de 1943, Hart demoniza sus particulares fantasmas, relacionados con su adicción, su latente homosexualidad, sus celos y esa
sensación de insufrible abandono
al que se enfrenta tras la cada vez más definitiva ruptura profesional con Rodgers, ahogando sus penas a través de
discursos extraordinariamente escritos por Kaplow
y declamados por Hawke en estado de gracia, con interlocutores circunstanciales como el barman del lugar (Bobby Cannavale) o Elwin Brooks White (Patrick Kennedy), ensayista y escritor de espíritu eminentemente intelectual, y otros más directos con
los protagonistas de su particular calvario existencial
, un Rodgers incómodo que el actor
Andrew Scott
recrea con tanta riqueza de matices que le valió un premio en Berlín, y la tal Elizabeth Weiland (
Margaret Qualley
), símbolo de la incapacidad natural o sobrevenida de Hart para atraer a las mujeres y exorcizar su homosexualidad, y que pudo inspirar al personaje que interpretaba June Allyson en la
más edulcorada y falseada biografía cinematográfica
que rodó Norman Taurog sólo cinco años después de la muerte del letrista, al que dio vida Mickey Rooney,
Words and Music (Letra y música)
. La de Linklater se puede definir como una
lúcida y amarga crónica de la desesperación
de un hombre que ve cómo el pasado engulle su futuro y le ofrece una perspectiva incierta e insatisfactoria de la vida, tan difícil de aceptar. Para redondear el aspecto de
pieza de cámara teatral
con la que el propio Linklater la define, toda la música, naturalmente recreaciones de canciones no sólo del tándem Rodgers-Hart sino también de otros grandes de la época como Berlin, Gershwin o Kern, sale del piano que toca otro personaje clave del film, un aspirante a compositor ficticio de nombre Morty Rifkin, ataviado con
uniforme militar propio del momento, plena Segunda Guerra Mundial
en aquel Estados Unidos que en su lejanía se permitía celebrar eventos sofisticados como el estreno glorioso del musical
¡Oklahoma!
, en cuya fiesta posterior celebrada en Sardi, aparece entre otros un aspirante a director de cine llamado George Roy Hill (David Rawle), un cuarto de siglo más tarde celebrado por títulos como
Dos hombres y un destino
o
El golpe
. Como puede apreciarse del entusiasmo generalizado de esta reseña, una
película especialmente indicada para amantes del género
, aquellos personajes y aquella nostalgia, pero igualmente disfrutable para amantes del buen teatro con buenos personajes y
espléndidas elucubraciones emocionales
y sentimentales plasmadas en un libreto extraordinario.

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